miércoles, 18 de enero de 2017

Mirador: Chance para la izquierda

 Carlos A. Lozano Guillén


 La izquierda tiene chance, para decirlo con la expresión de origen francés, aceptada en la lengua castellana, si asimila, entiende y aprovecha los efectos del Acuerdo Final de La Habana y los que se desprendan del proceso de conversaciones en Ecuador entre el Gobierno Nacional y el ELN.



Los acuerdos de paz (fin del conflicto armado) con las organizaciones guerrilleras, contribuirán al fortalecimiento de la democracia y de las mejores condiciones sociales para los sectores populares en el campo y la ciudad. Será inevitable si la clase dominante -al menos el sector que controla el Gobierno- cumple el compromiso de implementación de los acuerdos pactados en igualdad de condiciones. En el caso del Acuerdo de La Habana lo está haciendo, a ratos con debilidad y con temor ante la extrema derecha. Pero lo está haciendo.


Estos acuerdos no tienen alcances maximalistas. No significan un nuevo contrato social como dicen algunos. Se limitan a modificar causas sempiternas del conflicto armado de naturaleza social, política y económica, que lo originaron hace más de medio siglo. Los logros tienen el alcance que permitió la correlación de fuerzas, como lo explicó hace unos días Rodrigo Londoño (comandante Timoleón Jiménez). Pretender una revolución por contrato que cambie la estructura oligárquica en una mesa de diálogo es una utopía imposible y equivaldría tanto a perpetuar la negociación y por ende prolongar la confrontación armada con toda su tragedia y en las condiciones del “empate negativo” en el concepto del profesor Víctor de Currea-Lugo, según el cual ninguna de las partes venció en el campo de batalla. Como quien dice, fracasó la vía militar y la solución quedó solo en la política de diálogo y concertación. Fue la experiencia concreta y exitosa de La Habana. 


Pero por supuesto que los acuerdos que fortalecen la democracia abren una nueva perspectiva para la izquierda y los sectores democráticos, que mediante procesos de unidad y de frente amplio pueden abrir el camino de una alternativa progresista y popular. De cambios estructurales de ruptura con el poder dominante que se sustenta en las gabelas, el clientelismo y la corrupción, en la política neoliberal y de favorecimiento al gran capital nacional y transnacional. En esta dirección es mucho lo que hay que cambiar y modificar y no lo va a hacer ni siquiera el sector de la burguesía que apoya la paz. La unidad no puede limitarse a defender los acuerdos pactados sino a plantear reformas estructurales y de fondo en el país. La unidad de la izquierda, no puede ser excluyente y debe incorporar a toda ella y a destacamentos sociales, democráticos y populares de otras corrientes políticas. “No pueden ser de izquierda las candidaturas que se nieguen a las alianzas” dijo con razón Pablo Catatumbo.


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