lunes, 20 de febrero de 2017

Carlos Lozano: paz, política y dignidad

Carlos Lozano, inició su lucha política como líder estudiantil del colegio San Simón de Ibagué, donde se destacó por su consecuencia y claridad de conceptos.
Por Humberto Leyton


Eran tiempos de represión y clandestinidad. Ser militante comunista suponía la pena de muerte no decretada, la desaparición o un largo carcelazo sin derecho a defensa. La protesta social estaba proscrita y criminalizada, el partido comunista era ilegal.



Para realizar nuestra actividad política de jóvenes con ilusiones de cambiar el mundo, teníamos que reunirnos en sitios insospechados como una iglesia y en la banca trasera de un bus. No se permitían concentraciones de más de cinco personas porque ya se consideraban una manifestación subversiva, y se necesitaba de permiso de la autoridad correspondiente. Eran los estertores de la hegemonía conservadora y los inicios del Frente Nacional con Guillermo León Valencia, el presidente caza patos, y más adelante Julio César Turbay Ayala con el Estatuto de Seguridad.


La guerra fría en la geopolítica mundial estaba en pleno desarrollo entre el sistema Socialista encabezado por la desaparecida Unión Soviética y el capitalismo con su imperio (EE.UU) como gendarme. Al menos había un equilibrio de polos opuestos.


Fue en estas condiciones  que conocimos a Carlos Lozano; en medio de las luchas populares, paros y huelgas de trabajadores y estudiantes. Él, formándose como dirigente estudiantil y yo, como un desplazado del campo por la violencia liberal-conservadora, casi analfabeta en busca de mejores días.


Así recuerdo los primeros pasos en la formación política e ideológica en la izquierda al calor de la revolución cubana. Al lado de ‘Catu’, como cariñosamente le dicen a Carlos Lozano, apelativo heredado de su padre, el brillante abogado penalista Carlos Arturo Lozano Agudelo, a quien llamaban así. Hombre que por lo demás, alternó en audiencias con Jorge Eliécer Gaitán, y que siendo de estirpe liberal,  también se destacó como defensor de profesos políticos. Recuerdo alguna ocasión que estábamos reunidos en su oficina, ubicada en la calle 9a entre tercera y cuarta, con su hijo Carlos y otros militantes de la Juco, cuando llegó un poco copetón y nos dijo: “Vengo de un Consejo Verbal de Guerra, defendiendo a uno de sus camaradas y acabo de decirle a los militares que yo me estoy quedando ciego es de tanto leer derecho y estudiar los códigos, y no de ponerme !atención fir¡ como ustedes”, y soltó una sonora carcajada. Era su actitud de demócrata que no podía tener hijos distintos a ‘Catu’, el hoy dirigente histórico de la izquierda colombiana.


Al lado de los estudios, las lecturas, las discusiones y la confrontación de tesis de la literatura marxista-leninista, se iba a la praxis expresando la solidaridad y compromiso con las luchas sociales, ora al lado del movimiento estudiantil u obrero, ora en las manifestaciones, huelgas o marchas callejeras de protesta, ora en la lucha ideológica con las otras tendencias de izquierda.


Pero sin duda, Lozano Guillén, donde más se destacó y se formó en Ibagué, fue en el campo estudiantil, especialmente en el colegio San Simón. Allí fue dirigente estudiantil, integrante del Consejo Estudiantil, miembro del la conciliaría del colegio que era la máxima autoridad del plantel, donde sobresalió en la defensa de los intereses de los estudiantes, profesores y del mismo centro educativo.


Como integrante de la Juco (Juventud Comunista), a través del centro de Estudios Sociales Hernando González, trabajó en la formación de la academia literaria Manuel Antonio Bonilla, que matizó su época realizando eventos que promovía el pensamiento, invitando a los diversos exponentes de de la cultura y la política de avanzada como: el poeta Eduardo Carranza, Daniel Arango, Hugo Caicedo Borrero, el sacerdote Camilo Torres y Diego Montaña Cuellar, entre otros. Igualmente, se publicó el periódico “Rojo 70” y “Rojo 71”, como órgano de orientación, capacitación y organización de los estudiantes, nos evoca Luis Eduardo Morales (El Loco), otro compañero entrañable de nuestras luchas.


Como papel relevante que jugara Carlos Lozano en San Simón, se recurada el formidable movimiento estudiantil simoniano organizado grandes manifestaciones y huelgas por las reivindicaciones más sentidas del sector educativo, contra la corrupción y por las libertades públicas y políticas, por el derecho a la organización de estudiantes y trabajadores. Era el San Simón que combatía y tenía peso en todas las esferas del departamento, inclusive del país.


Este es el hombre que nació en Ibagué, hace 68 años, que fue nombrado Caballero de la Orden Nacional de la Legión de Honor de Francia, la más alta condecoración de la república francesa; actual Subsecretario General del partido Comunista, director del periódico Voz; también  ha desempeñado diversos cargos en organismos internacionales políticos y de derechos humanos, facilitador del intercambio humanitario y un ferviente luchador por la paz.


Autor de libros como: Las huellas de la esperanza (1997); ¿Cómo hacer la paz?; Reportajes desde El Caguán (2002); El Marxismo ideología en construcción (2004; Medios, Conflicto y Sociedad (2005); ¿Guerra o paz en Colombia? Cincuenta años de un Conflicto sin solución (2006), entre otros trabajos.


Además, de este aporte teórico y práctico a la construcción de la paz en Colombia, Lozano Guillén, entre telones o abiertamente, siempre ha estado presente realizando un trabajo discreto y tesonero en los procesos de paz gobierno-Farc-EP de los últimos años, por fortuna el de La Habana, ya convertido en acuerdo  irreversible. En esta gesta también tiene parte y con sobrados méritos.


Hoy, cuando Lozano Guillén, afronta un serio problema de salud, queremos en esta nota rendirle un tributo de admiración y respeto, como un político digno, coherente, consecuente y luchador ejemplar por la paz y las causas sociales. Pese a que hace muchos años, estamos distanciados políticamente, la amistad personal la hemos conservado y desde aquí hacemos fuerza por su definitiva recuperación.


El Cronista


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